miércoles, 14 de septiembre de 2011

Seiko 5, modelo 7009-3101, Octubre de 1981

El dolor

Hoy he ido a la oficina a llevar unos partes de baja médica, y en el meollo de una breve y distendida charla con algunos de ellos les he vuelto a narrar mi experiencia sicodélica derivada del abuso de drogas en la lucha contra el dolor, y que culminó con un parche de morfina en mi cadera, por cierto.
El día iba como otro cualquiera, había desayunado en un bar con el limitador, y luego había caminado dando un paseo tranquilo hacia el centro de la ciudad.
Pero ya había un pálpito raro, un aquí estoy yo que tenía un poco olvidado, la verdad. Al principio achaqué los pinchazos, el anormal entumecimiento de los dedos del pie, como el resultado de varios días seguidos de abusos físicos: el paseo en bici con los niños del domingo, la maratón de natación que tuve el lunes, variadas y constantes caminatas durante el día de ayer...
Volviendo a casa después de una visita bancaria y un par de gestiones administrativas de diversa índole, la cosa iba a peor. Sin duda. En un banco a mitad de camino me tuve que sentar unos minutos. Mi pierna se resentía enormemente, y hacía semanas que no me pasaba esto.
A pocos metros de mi casa, en la recta final, tuve que volver a tomar asiento en otro banco.
Por fin llegué a mi sillón favorito, pero me supo a poco... tuve que recurrir a la cama.
Un par de horas más tarde, me negué a acompañar al limitador para recoger a la prole, no me sentía con ánimos. Después del almuerzo me acosté un rato, y dormí casi dos horas del tirón. Pareció que la cosa mejoraba, pero no fue así en verdad. Unicamente estaba un poco más relajado, eso es todo. Luego me he quedado toda la tarde en casa, el dolor iba y venía: una agujeta intensa, un pinchazo insistente en el cuádriceps, el bícep femoral y el gemelo, todo, oiga. Amén del entumecimiento del tobillo y los dedos del pie.
A última hora de la tarde decido hacer una sesión de yoga, breve pero suficiente para lograr mis objetivos. Un pseudo Surya Namaskar, unas cuantas variaciones de la postura del gato, la hoja plegada, el niño, y para acabar un poco de estiramiento tumbado en la cama, de nuevo. Me he relajado tanto que casi me duermo -como en aquellas primeras sesiones de yoga avanzado cuando hacíamos Savasana- si no llega a ser porque el limitador entró en ese momento en la casa como un torbellino, lo cual es sello particular y propio de su a veces tan acelerada como contradictoria personalidad. "¿Qué hacías?", me espeta, y yo "un poco de relajación, llevo un día jodido". Me contesta "claro, es porque el viernes va a llover".
Ahora, después de cenar, más tranquilo y con suficientes ganas y energías como para escribir esta entrada a modo de catarsis, pienso en cómo no se me había ocurrido a mí eso. Tengo la guardia baja, no cabe duda. Hay que espabilar un poco.
Mañana a nadar otra vez, eso está claro.

martes, 13 de septiembre de 2011

Watch talk: Orient King Diver

Orient es una empresa oriental, como su propio nombre indica. Por tanto, como todas las empresas relojeras niponas, siempre ha estado a la sombra de su rival Seiko, rival por decir algo, porque Seiko siempre, siempre, ha estado varios escalones por encima. Finalmente, hoy día forma parte del grupo que lidera Seiko. O sea, sus maquinarias no son Seiko, la verdad, pero la marca pertenece mayoritariamente a ellos.
Pero hace treinta años Orient tenía unos sumergibles interesantes, con biseles interiores y cierto colorido gracioso, como muy oriental, como muy nipón o chino. No a todo el mundo le gusta esta estética, pero a mí sí, y por ello tengo uno.
El mío es un modesto King Diver fabricado en algún momento entre 1975 y 1980, supongo, pues no sé la forma de averiguarlo. Es tan modesto que ni si quiera pone "Kin Diver" en el dial.


Hasta el logotipo es sumamente oriental, pero se mantiene hasta nuestros días.
Este en concreto era inmersionable hasta los cuarenta metros. Orient fabricaba otros divers de gama alta que podían bajar muchos metros más, pero no hablaré de ellos, por lo menos no ahora, pues están lejos de mis expectativas como coleccionista.
Lo mejor de este reloj es que su tamaño es muy grande para su época, aunque plenamente actual, pues tiene unos 42 mm de diámetro y 13 de altura.
Además, el detalle de su bisel giratorio interno, en vez del típico exterior rodeando el cristal, es un plus estético.
Por ello, por sus formas y su colorido, tiene una gran presencia en la muñeca:


Aquì con correa de cuero.
Su caja mide 42 mm de anchura, excluida las coronas, y unos 13 mm de grosor. Hoy en día, con una correa milanesa, luce tal que así:


Mucho más retro, más setentero, ¿no?

lunes, 12 de septiembre de 2011

Watch talk: W1

Corría el año 1999 y yo estaba a punto de firmar el contrato más terrible de mi vida sin saberlo. Mi limitador, para hacer la cosa más llevadera, me regaló, en contraprestación al anillaco que yo le ofrecí -pagado por mí, y no por mi madre como ella siempre ha creído, aunque yo se lo haya dicho más de una vez-, un relojillo que a la postre se convertiría en mi compañero inseparable durante un montón de años, excepto en verano porque no quería sumergirlo en las saladas aguas atlánticas a las que soy tan asiduo.
Este fabricante ginebrino bastante joven, se dedica únicamente a los relojes de cuarzo, y de hecho su fama viene de la gama Othello de caballero, un reloj ultrafino de sólo 1'2 mm.
Pero el mío es totalmente diferente, es de la serie W1, unos relojes de aspecto deportivo, pretendidamente duros, pero manteniendo cierta elegancia, como se puede ver:



Como ven, es difícil hacer una toma sin reflejos.
 Su caja tiene un diámetro de 38'5 mm y un grosor de 10 mm, pero no sé qué cojones tiene su diseño que parece más grande. Es un reloj pesado para su tamaño, supongo que derivado de la robustez de la caja.
Tiene un movimiento de cuarzo de origen suizo, y es de los llamados en el argot HEQ -high end quartz- por su precisión y acabados. En los diez años ininterrumpidos de uso no he tenido que ajustar la hora ni una sola vez. NI UNA. Es el momento de decir que hay toda una corriente defensora de los HEQ últimamente... no lo que, per se, no da ni más ni menos valor a este reloj que ahora les presento.
Todo en él es de acero cepillado, como pueden observar, y hasta el dial tiene ese color uniforme. Sus formas son un poco, digamos, industriales, como de reloj herramienta, lo que a mí me encanta. El cristal de zafiro -extremadamente resistente, doy fe- está protegido por un bisel que presenta unas protuberancias uniformente repartidas cada hora y media. Mi unidad ha besado el suelo varias veces, y ha chocado con esquinas de todo tipo. Tiene varios rayones en su acero, y el armis -brazalete- está claramente rayado sobre todo en la parte del cierre, pero el zafiro se encuentra como el primer día.



El brazalete es precioso
 A pesar de su robustez aparente, aunque demostrada, el gran pero de este horológico es su reconocida insumerjabilidad, que para mí le hace perder muchos puntos.
En resumen, y acabando, su diseño parece sacado de debajo de un glaciar, pero su resistencia, siempre que no insistamos en mojarlo, pone un gran contrapunto a la pusilanimidad del resto de la gama RW.



Presencia molona.


The ultimate machine

Parece acojonante, pero no se lo crean: es un aparato para lerdos, torpes, gentes con poca sensibilidad en el puño o en el culo, o en los dos sitios. Esta moto no derrapa, no hace caballitos, no tienes que coger el embrague, no te rebota la rueda trasera en las frenadas fuertes...



Dominguismo

Cual dominguero, acompañado de mis criaturas, me he hecho el valiente, el fuerte, he cogido el velocípedo de mi limitador, y harto de ciclostátic he decidido dar una vuelta de tuerca a mi entrenamiento: ida y vuelta al "Colón" -vulgo dixit- por los carriles bici diseñados al efecto.


Gracias a una interesante, y además gratuita, aplicación para el aifón llamada "Endomondo", he podido recabar ciertos datos sobre el viaje de vuelta -sí, con la emoción del momento se me olvidó hacerlo a la ida-, que automáticamente se plasman en un planito del google maps:





Es bastante completa, si pasas el cursor por la zona sombreada, la que tiene el gráfico de color amarillo sobre la altitud y la velocidad, te dice la velocidad exacta de cada punto del recorrido. Joder, es gratis, mola un montón, y ya estoy pensando en obtener una sujección para poder llevar el teléfonito en el manillar de la burricleta.
Como íbamos despacito, sin forzar, me he permitido el lujo de grabar un minivideo tipo verano azul, lo que deja constancia de lo polifacético del aifón -y aún así tiene sus detractores, ji ji jiiiiiiii-. Tendrán que disculpar el tembleque:


domingo, 11 de septiembre de 2011

El HORROR

Hacía tiempo que no veía algo así, por lo demás bastante común en muchos hogares de la geografía nuestra tan querida.
¿En qué mente, en que torturada cabecita, por qué, cuándo, para qué? Necesito una explicación.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Du hast

Grande

Chuck Norris, dentro de su tremenda y reconocida grandez, no le llega a la suela de los zapatos a este gran señor:

cita:

La muerte es un rumor lejano para los jóvenes.

Andy Rooney.