Y llegó la hora de probar la nueva (¿nueva? Al menos para mí) Yamaha TTR en su ambiente. ¿Qué mejor para ello que el fantásticamente soleado sábado que nos brindó el Sistema Solar este 15 de marzo?
Contacté con Pedrito R.J., quien no dudó en acompañarme en esta rutilla de presentación y reincorporación al motocampismo. Dos años más tarde, desde que vendí la KTM 690, habiendo constatado que la Tiger 955 no es la mejor opción, sino que prefiere pistas suaves y despejadas, como ya conté en una entrada anterior estuve primero muchos meses ahorrando el dinero necesario, y después varias semanas tanteando el mercado, probando, descartando, haciéndome a la idea de lo que verdaderamente quería o necesitaba.
La máquina, en líneas generales está bien para su edad, veinticuatro años, pero claro está que hay que hacerle algunas cositas de puesta al día o mantenimiento. Es por ello que hasta que no se compruebe su verdadera fiabilidad, o se constate que no hay fallos que me puedan dejar fácilmente tirado, prefería un paseo corto y cerca de casa, por lo que el recorrido sería por los pinares de Aljaraque y El Portil, llegando a acercarnos hasta Punta Umbría para tomar un refrigerio y comentar la jugada.
Mucha agua por los caminos, a veces auténticas lagunas que tuvimos que atravesar, pero siempre sin problema: nuestros tractores pueden con todo, son ligeras y tienen mucho par motor, nada las frena.
Pensé que la altura del asiento o la carencia de motor de arranque eléctrico iban a ser un problema, pero nada más lejos de la realidad: durante mis años con la altísima 690 ya me gradué en motos altas, y la TTR es fácil de arrancar, sobre todo cuando está caliente. Gasta muy poca gasolina, es cómoda (tanto el mullido asiento, como la ergonomía, así como la suavidad de las suspensiones), y con potencia de sobra para el fuera carretera.
Y para rematar, su estampa es bella, y hace buen conjunto con la Honda XR650 de Pedrito, con quien pasé un buen rato que rematamos en Aljaraque con una cerveza tras pasar la TTR por el lavadero.
Como punto negativo del día tengo que señalar que mis botas, unas Forma de gama media-baja, se rajaron por diversos sitios... ¡ya decía yo que entraba mucha agua cuando atravesábamos charcos! La edad no perdona al material, y la verdad es que me sirvieron eficazmente durante varios años. Renovarse o morir, es lo que hay, y no se debe escatimar en equipamiento.
Resumiendo, contento con la experiencia, la TTR se revela como máquina ideal para mí, por ahora y para mis cada vez menos exigentes pretensiones.
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