domingo, 23 de marzo de 2025

Por segunda vez, y a pesar de las persistentes lluvias de la semana, este domingo 23 de marzo he vuelto a dar un paseo en la TTR con Pedrito R. 
En estos días pasados he podido hacer algunas tareas pendientes que tenía con ella: reparar una fuga de aceite en la horquilla izquierda (que se resolvió con una simple limpieza del retén, menos mal), engrasar los cables del acelerador (iba bastante duro y pensé en cambiarlos por unos nuevos, pero al engrasarlos han quedado fetén), y desatascar el portacasco, cuyo cierre con llave estaba inoperativo (unos chorros de aceite multiusos, cariñosos golpes con un martillito, y un poco de palanca, han hecho que funcione; no es algo que yo vaya a usar, pero me gusta que todo esté como debe). 


El plan era ir a casa de Perico H., en una finquita en término de Valverde del Camino, para visitarle sorpresivamente y comprobar su recuperación tras una reciente intervención quirúrgica. Iríamos por Gibraleón, para evitar la pista de Huelva a Trigueros, que es una recta interminable, aburrida y muy vista ya. El susodicho camino de Gibraleón a Trigueros se reveló como un enorme rodeo, pero estuvo bien comprobar nuevos recorridos (para mí, aunque ya lo había hecho una vez en bici, como iba recordando mientras lo hacía), a ratos divertido con charcos grandes, y en buen estado en general.


De Trigueros a Beas fuimos por una pista común, mil veces recorrida, donde sufrí la avería del pobre: la moto empezó a petardear y fallar hasta que se paró totalmente, y menos mal que lo primero que comprobé fue poner el grifo en posición de reserva y ¡arrancó a la primera!
De Beas hasta la finquita, llamada "La Umbría", fue una mezcla de pista amplia, pista con muchas curvas que sube paralela al arroyo Candón (recientemente arreglada y ensanchada), y después unos  caminos enrevesados con un par de subidas bastante rotas y con escalones, que pusieron a prueba nuestra pericia y la eficacia de las máquinas.
Finalmente llegamos a La Umbría justo cuando Perico H. y esposa salían con el coche a dar un paseo, gran casualidad. Dieron la vuelta y fuimos todos a su casa, donde en un santiamén nos prepararon un refrigerio y tentempié:


Los tres pedros, felices de reencontrarse después de demasiado tiempo:


Nos entretuvimos con animada charla, como siempre, y se nos hacía tarde, por lo que la vuelta fue por la vía rápida: carretera hasta Candón, donde cogimos pista hasta Trigueros, donde empalmamos, sí, la tristemente famosa pista que nos llevaría hasta La Ribera, y de ahí, por la carretera del cementerio, hasta casa. 
Verdor de campo, terreno húmedo, diversión sin incidencias, y contento de ir aprendiendo más cosas de mi Yamhita.


 

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