sábado, 20 de febrero de 2010

Murphy

La mantequilla


Un hombre estaba tomando, despreocupado, su desayuno una mañana en la terraza de su casa. De repente, la rebanada de pan de sándwich que acababa de untar con mantequilla cayó al suelo. Resopló por la contrariedad, miró al suelo instintivamente y, sobresaltado, observó que la tostada había caído con la mitad en la que había untado la mantequilla hacia arriba. Nervioso, se fue a ver a sus amigos, con la certeza de que acaba de presenciar un milagro. Las leyes más pertinaces de la naturaleza, los designios más intrincados del hombre, se rompían allí; ‘la tostada siempre cae al suelo por el lado de la mantequilla’, y ese es un principio que desde que se plasmó en las leyes de Murphy nadie ha tenido la osadía de desmentir. Porque todo el mundo sabe que es verdad, que todo lo que es susceptible de empeorar acabará empeorando. Cuando llegó su mujer a casa, los encontró formando un círculo, mirando en silencio aquella revelación: una tostada en el suelo con la mantequilla boca arriba. ‘Tal vez seas un santo y ésta sea una revelación de Dios’, acabó diciendo el más sesudo de sus amigos después de intentar sin suerte explicar el acontecimiento con las leyes de la lógica y de la razón. Ya que estaban todos de acuerdo en que se trataba de un hecho sobrenatural, su mujer decidió ir a contárselo a un gurú, medio chamán medio sacerdote, que vivía apartado del mundo, en una chabola del extrarradio de la ciudad. Pidió una noche para reflexionar, a la mañana siguiente les daría una respuesta. Fue la noche más corta, porque nada más amanecer, ya estaban de nuevo ante el gurú en su chabola de paneles y chapas: "La explicación es muy sencilla –les dijo- . La verdad es que el pan cayó al suelo exactamente como debía caer, era la mantequilla la que estaba untada por donde no se debía haber hecho."

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